domingo, 28 de octubre de 2018

El día que no me supe tu nombre.


El día que no me supe tu nombre
con los ojos,
con la voz,
con las manos templaste el aire.
Como harías siempre luego
cuando el mundo y las cosas se
r-e-v-u-e-l-v-e-n
en el vaivén de lo que pasa.

El día que no me supe tu nombre,
tu nombre se hizo en el aquí y en el ahora
de lo que sin duda nos existe:
cielos que se habitan, distancias
que salvas (con no poco sacrificio),
lo que callas,
lo que acallas,
lo que encallas 
en las calles interiores de tu casa.

La puerta abierta.
La vida que espera alerta, atenta.
La lluvia para el sol entre la nieve.

El día aquel que no supe nombrarte
aprendí de nuevo palabras empolvadas:
casualidad,
coincidencia,
el amor a los amigos,
la paz después de tantas guerras.

Tu nombre es paradoja porque
contigo no hay tu nombre.

Insignificante pilar 
que sostiene
barricadas de otras luchas,
que aprieta
corazones en las tripas,
que reza
a-dioses que ni siquiera ha contemplado todavía.

El día que no me supe tu nombre
resultó ser, únicamente,
el principio de todo.


sábado, 29 de septiembre de 2018

Viento del Norte (o crónica nimia de mi etapa cántabra).



Necesitaba decantar para poder decir. Ya llego.

(Por orden de aparición)

Cayón. Noelia, Pepper, Vane y Tamara. Y la casa verde. El Lope. Reinosa. Y otra vez Tamara, y Raúl y la lluvia siempre entre trenes. Ana. Sara. Pili y Santiago y mi suerte. Alberto que para siempre Drú. Nuria que para siempre Nuria, y la casa búnker. Carmen que para siempre Sú, y la sopa y la poesía y los amigos a los que se ama. Begoña y el té en la casa de quiénviveahí. Luisgre y Vicky y el resto. El almacén. El chocolate con picatostes. Hidra y su familia. Chus. Jesús. Los del Pepe. María y su tribu. Los martes de chicas. El calimocho y las ibres en terrazas bajo cero. El Palique y Replicantes. La Casona y sus cosas, también. Fontibre y la primera vez con Bea. Fuentebro. Campóo y las marzas y las ollas. Delia y el miedo más nítido que nunca. Lo que no y los que no, claro. El Montesclaros y los polluelos que luego volarían. La primera cana. Los treinta allí sin él y sin ellos. El suelo de madera que crujía. Las notas en el felpudo con platos de cosas ricas los domingos al llegar. Leyre y sus mimos. Simón y sus ¡no! y sus siestas en mi coche entre badenes que acunaban. Eloy y sus historias interminables mientras todo. Querer quedarme para siempre para, luego, querer irme para siempre. Torre. Y un curso para borrar de la memoria y limpiarse bien bien los zapatos, salvo por Chime, Mónica, Iñaki y Bea y Gema y otros nombres y otros polluelos. Un clínex con un mensaje escondido durante el último claustro. El tango. Buelna. Y luego el María Telo y los muros y los no lazos que se convertirían en hilos libres para siempre. Nuria y todo, Vane y Galicia dentro, Silvia (primaaa), Marta, Sheila y Roma. Y Alicia que para siempre Gopegui. Cóo y el Alquimia. Y los armarios llenos de galletas. La bondad infinita de Rosalía. El paseo por las pistas con Miguel. La confianza en mis opciones de Pilar. La risa de Chelo. Y lo que molan los de mate. Los ojos de Juan, las risas serias con Carmen, Emma y la bruja Lola. Y Carmencita y apadrinauninterinoprimerizocomohicieroncontigo. Y más polluelos que volarían. Las noches sin dormir, los días sin horas, las playas nunca pisadas porque había que estudiárselo todo para conseguirlo de una maldita vez. Y los cientos y miles de kilómetros recorridos siempre de ida y vuelta. Y aquí estoy. Resumiendo desde 2015. Tratando de abarcar aquí que soy un poco cántabra para siempre, que tengo la fuerza del viento del norte y esa bravura que viene del mar. Gracias por hacerme crecer. Gracias por haberme ayudado a que consiguiera volver a casa y, ¡qué coño!, por la puerta grande. 

Vuestra,

Rut.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Para que se pare el miedo.



La ternura de tus manos en las mías, la luz que guiña lo que miro, las amapolas que danzan con la tierra, el parque donde lloro algunas veces. Corazones de manzana que se muerden, cobijo en otros ojos que tampoco cuentan mucho, las ganas de que todo sea distinto, las ganas de que nada cambie nunca. El amor recién hecho en nuestra mesa, pulsómetros que resten intemperies, abrazos con el alma en el abismo, canciones con cerveza que marquen el principio del verano. Que el hogar sea otra cosa que la casa, que "había una vez" no sirva sólo para empezar los cuentos, que las hadas se queden cuando pasen las doce, que los nombres escogidos nos habiten. 

Todo eso necesito 
para que se pare el miedo.

d.

viernes, 6 de julio de 2018

Búm, y jardines para todos.

Búm, y jardines para todos.



Saltan chispas desde el cielo de la casa. Una lluvia de luces de colores inunda el pensamiento de la niña que mira absorta cómo es el mismo mar de todos los veranos. Heridas en las manos por trepar un arco-iris-ado con los pies descalzos. Piteras en las entrañas de explotar -siempre hacia adentro: búm, y jardines para todos-. Su hermana sube. Se sienta a su lado. Gozan en silencio simultáneo con el amor de sangre y fuego(s) que las une. De haber sabido qué iba a ocurrir luego, se habrían abrazado más, piensa la niña. Muchas veces. Todas las veces. Cada vez.

Como cada vez se frota las manos la niña tratando de sentir, ahora, aquellas noches rojas, azules y tierra de doce años, donde todo era mediterráneamente cálido, donde la luz, de tanto ruido, se volvía sorda.

A veces veía dragones.

d.

martes, 26 de junio de 2018

Cuencos de agua con uvas recién cortadas.



Para Dolo.

Se enfrentan, surgen, cortan flores, curten silencios, curan conciencias, lavan heridas muy calladas, limpian fangos de otras veces, honran armas de construcción masiva de familias que son y serán siempre y en todas partes, acaparan tesoros que abrirán, irremediablemente, otros más tarde, se ciernen y aletean, cantan con las yemas en las mejillas, salen hacia, se conocen - y se reconocen -.

Suave es el legado que dejan en la boca, ronco es el de los ojos que no entienden, que no duermen, que no nada(n) porque gritan las ausencias.

¿Es que, acaso, hay, en algún mapa, ausencias que no son prematuras?

Cuentan años, cuentan vidas (cuántas), llevan en volandas hasta arrecifes desde tierra seca, hasta trenes que anuncian sólo viajes de llegada, hasta cuencos de agua con uvas recién cortadas.

Descánsate en la búsqueda. Ya las tienes.
Esas manos, ahora, para siempre, son las tuyas.

d.

domingo, 3 de junio de 2018

"En todos los corazones anida el sentimiento de culpa. La aceptación de esa angustia es el camino doloroso y único que lleva a la fe y a la salvación", S. Kierkegaard.


Para anidar ha de haber nido. La culpa no es cálida, uno no se acurruca en la culpa. La culpa es el pájaro caído del nido y alimentado amorosamente por la mano que acunará primero para después dolerse, quizá, seguro, con gratitud. A lo mejor también con alegría. ¿Por qué un camino en el que creer y que nos salve? ¿En qué? ¿De qué? ¿Para qué un nido del que volar? ¿Para qué un camino si el viaje es a ninguna parte? La culpa siempre. Y el dolor, dolor es. Saber para dolerse. Para no dolerse si nos duelen. Para aprender a coserse al/del dolor que no se irá. Saber para elegir dónde anidar. Ya queda menos. Sostente. Quizá arrimen su hombro al tuyo. Ya no queda casi, ya verás. En todos los corazones anida la culpa. No la acurruques. Vuela.

martes, 8 de mayo de 2018

Agua es una palabra polisémica.





Agua, agua quiero que nace. Mientras, lluvia en los cristales deshaciendo los dolores de otras lluvias. Rocíos usados. Otras veces, para las mismas cosas. Agua, dame agua, pide el aire. Gota a gota, una, sola, en el recuerdo de lo amargo que no sabe. Agua, grita el agua, la cordura. Nieblas que acaparan los compases que dibujan líneas rectas hacia mares-boca, tan familiares que no entiendo. Agua, grita la niña del espejo. Niña. Ta. Ta. Ta. Rá. ¡Agua! Los papeles mojados, las vidas ajenas, la cabeza fría, la casa vacía, las maletas siempre abiertas. Agua que no sacia el miedo. Agua que no limpia. Agua, agua quiero, agua. Las manos de agua para tocar, con delizadeza, nuestro pán-ico de cada día.

d. 



lunes, 2 de abril de 2018

Misterio y últimos fríos.



Para María.

Dios está descalzo, pensaba cuando era niña. Los tambores resonaban en las tripas mientras mi madre me peinaba. Era un gusto. Con zapatos de charol recién limpiados, iba dispuesta a batir mi palma que aún olía a fresco. Yo no entendía por qué había que batir palmas. Ni por qué se portaban a los hombros cruces de madera en señal de penitencia. Yo, entonces, no entendía muchas cosas. Ahora quizá tampoco. Pero me gustaba el olor a incienso, y las velas derritiéndose sobre el asfalto. Eran días de misterio y últimos fríos. Eran días familiares. Pensaba, también, que todo eso que sentía, al calor de los míos, era la felicidad. Hoy sé, que, sin duda, era de las cosas más cercanas a ella.

d.

*Derechos de imagen cedidos por María Moraga.

jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo de 2018. Queridas todas las mujeres de mi vida.



8 de marzo de 2018.

Queridas todas las mujeres de mi vida:

Aquí estoy. Llena de instinto y cuentos: uno, dos, tres, cuarenta y mil -que decía de pequeña, me cuenta siempre mi madre-. Agarraos fuerte. Aparezco para escapar: siempre fui muy hábil escurriéndome entre los dedos de las manos bien abiertas. Cuántas cosas, cuánto tiempo. Hoy es un día que celebro. Especialmente desde este exilio circunstancial, desde este Norte sin norte, desde esta tierra embrujada que ya adorodio para siempre. Celebro la vida, el amor, las mujeres a las que quiero, las mujeres a las que amo. Os celebro. Llenas, vosotras, de gracia, en este mundo que parece que se apaga. Luz sois. Desde Emilia, y, también desde Carmen, hasta la última que haya entrado sin aviso en mi mar de fueguitos. Mejor aún: desde María y Paula, abuelas mías (cuánto cuánto cuánto os echo de menos), allá donde estéis, con todo el gggenio y la grandeza de mujer castellana de raza matriarcal, hasta cada pluma que analizo y miro y mido y mastico y dejo volar, igual, hacia el olvido que nunca muere. Si supiérais. Ay, si supiérais. Hoy es el día de recordar hitos cotidianos y hechos legendarios, de salir a gritar a las calles, y, sobre todo, de cantarnos y bailarnos por dentro, bien alto y bien claro, lo vivas que estamos. Si descubriérais verdaderamente lo que hoy os quiero regalar: que me alcance la voz y os hablen mis palabras y os borden bien las mariposas. Que se cuele mi calor más entrañable en vosotras, amigashermanas, en todas y cada una. En mi debilidad, me hacéis fuerte. Gracias por acompañarme en el camino y hacerme mejor. Por soltarme, y por no soltarme. Yo, hoy, paro. Me permito saltar al vacío, ser una loca, confundirme de camino. Yo, hoy, me paro. Me paro, para decir al mundo que no me bajo. Que aquí me quedo, que me lanzo a volar, a mi aire, a mi manera. Cuántas cosas. Mujer soy. Todos los días de mi vida. Que no me voy. Que no nos vamos. Que nos quedamos.

Todo mi amor. Toda mi luz. Todo mi marzo para vosotras, queridas todas las mujeres de mi vida.

d.


miércoles, 17 de enero de 2018

Una fuga.

Somos islas en un océano sin bordes, sombras en una calle sin luces de bohemia, botas sin espuelas para el trote, cribas de grano en año de mala cosecha. Somos agua de pozo en medio de un tsunami, miedo rojo en la alegría que se fuga y alegría en lo más negro que se queda. Somos lo que otros planearon sin acierto. Somos tan sin sal, tan sin todo, esmerándonos con mimo en parecer lo que hubiéramos querido.

Somos, somos, somos
boca llena,
corazón vacío.

Somos islas en un océano sin bordes donde tocarse no estremece, no consuela, no alivia, no nada. Somos el estorbo, la prisa del pan con penas; donde tocarse es la chispa que prende el doloroso disimulo de creer -soberbia, pero cobardemente- saberlo 
todo.

d.

lunes, 24 de octubre de 2016

Coro.



Ecos formando un coro. Algo aquí no empieza a su hora. Se oye crujir la madera, pero no es el gesto pródigo que espero el que aparece, ni punteos aprendidos de memoria. Faltó poco para las melodías afinadas. Hay un acertijo donde entonces había una llave.

El cielo se encaja en las sienes.

Y la noche.

Dicen que se trata de no pensar. Para que no duela, dicen. Como si acaso te me olvidaras. Cuando con cada letra que trazo acaricio tu ausencia, tremenda y enfermiza manera de sentirte aquí conmigo. Quiero pensar que no te has ido, que sólo es que tienes el don de desaparecerte.

¿De qué lado estás? En las guerras siempre hay que posicionarse.

Esto no
es una postal de vacaciones.


d.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Borrador.


(A propósito de un dibujo de Alberto Ruiz Yesa)


En los bordes se vuelve vergüenza 
la herida.
No hicimos nada. Dejamos
que el miedo les pasara a otros.

El arte es un refugio-pared
donde mirarme,
donde no mirarte.

Y desobedezco al lápiz
que dibuja cómo volver a querer
fijarme en tus ojos,
desenredarte cicatrices,
atenuar el dolor de la existencia 
consciente
que toca las paredes de esta casa.
d.

domingo, 12 de junio de 2016

Pimpilipausa.


Hay demonios que se van con junio.

Cuando la pimpilipausa aletea
el polvo de las últimas flores de agua
y no importan los yugos, y tampoco las promesas,
ni los ojos que no miran a los ojos.

Se deshacen, entonces,
las versiones poliédricas que hipnotizaron las sombras.

Volvemos a volar cometas de paz y de ahora
y la (pequeña) ataraxia pide permiso
para quedarse un rato más a jugar
entre los hilos de los dedos de las manos
que dominan, ahora sí,
el
viento
sur
y las verdades que llegan en verano.
d.


viernes, 3 de junio de 2016

Cristales.




Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
(…)
Melancolía, Rubén Darío

El rayo que se cuela.
Qué familiar todo y qué nuevo.
El nudo en el estómago,
el verbo en la garganta,
el alma transmutada
en puño amasado
con sales y miel de otros días,

las ganas de salir corriendo
y, sin embargo, quedarme para siempre
(y, sin embargo, te quiero)
muy quieta;
como para que no encuentren mi escondite
se(s)gado a golpe de dalle estrepitoso y delicado,
como para que no me de-la-ten
y me lleven tierra adentro
donde nada sea como es ahora.

He gestado en mis entrañas
una criatura nueva
que respira, que goza, que se revuelve indomable
llena de pánicos pequeños (pero sin miedo)
procesionando el testigo de una bandera inventada,
erguida sobre conquistas de muchos minutos robados
a otras vidas 
acostumbradas 
a ver pasar
cómo se comparte el hambre en tiempos de guerra.

El cristal no traduce hoy un arcoiris.
El cristal es muralla invisible pero infranqueable
entre
la melancolía
y
las estrategias que tiene el mundo preparadas.

jueves, 7 de abril de 2016

Escaleras azules



Peldaños que adivinan los que somos;
baranda sosteniéndote los miedos;
descanso de unas páginas en blanco.
Geranios apoyados en el piso

(colores en los pétalos de otros);
la bici, sin ruedines, esperando
al niño que lo quiere vivir todo.
El beso en la mirilla de una madre

de dos adolescentes escondidos;
un chelo desafina en el segundo
sonatas de cemento con azúcar.

Silencios que chirrían las noticias:
se miran, con arrugas, a la mesa.
[Hoy...] 
tampoco el molinillo mueve el viento.

sábado, 12 de marzo de 2016

ins-tan-tes.


                                                                                             A Drú.

Los instantes.

I.
Hay que afilarlos.
Desastillarlos
             para que sea limpia 
             la herida;
             para que
                            claven,
                            escuezan,
             lo justo y necesario.
Y entonces
(y sólo entonces)
una palabra
bastará
para sanar(me).

II.
El óxido en la herida,
solsticio y equinoccio
de costuras quebrantadas
por lo dulce
             de mirarse
por lo báquico
             de entenderse
por lo efímero
             de los mapas.
Pasar las yemas de los dedos
leyendo
las eléctricas señales braille de batallas 
siempre 
inacabadas.
Y decir(nos) con escalofrío cálido en los ojos:
"que gane el mejor
o
la alegría".


d.

lunes, 8 de febrero de 2016

Y Dios me hizo mujer.

Y Dios me hizo mujer,
(...) y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
(...) a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días (...)”
Gioconda Belli


El arjé se hizo carne y habitó entre nosotras: (Mírate. Míranos. Miradnos). Debajo del pelo, de los ojos, de la boca, de las curvas, de los pliegues guardamos todos los secretos. Pandora supo enseñarnos bien la copla, el día aquel en que despertamos al mundo
en un bostezo
tras un crujir de tímpanos de miedo.

Luego llegaron ellas.
Safo, Gloria Fuertes, Sor Juana, Alfonsina Storni, Santa Teresa, Silvia Plath, Alejandra Pikarnik, Rosalía de Castro, María Teresa León, Zenobia Camprubí.
Y lo contaron todo.

La tierra vive en nuestras suaves hondonadas y nos habita de accidentes sin evitárnoslos. Somos la ola, la playa, el puerto, las conchas de algas, la arena de estrellas, el bosque de crisantemos que todo lo celebra. Somos el fuego de los ojos de los otros [y masticamos la ceniza], somos el aire que (nos) alivia el cansancio, somos el agua que engrendra el universo
en la palma de una mano que a veces nadie agarra; que se sostiene y se sustenta
sobreviviendo lo terrible
sobrevolando la felicidad eterna de un ciclo
             contingente.

¿Para qué deshojar las margaritas? 
No hace falta comprobar las obviedades.
d.

martes, 2 de febrero de 2016

Hay un faro en mi ventana.


Hay un faro en mi ventana.

No acostumbro yo a estos verdes
de reflejos puntiagudos,
de cimas redondeadas,
de fuegos embarrados por la niebla.

Las cinturas que bailan los viernes
con la lluvia],
los abrazos con los ojos
de los que huyen
-a sabiendas-
de cicatrices-grieta.

Aquí nunca se usan las manos.

Hay un faro en mi ventana
pero no comprendo/no interpreto

a qué náufragos alumbra las raíces.
d.

miércoles, 20 de enero de 2016

Abdicaciones.

"Tómame, oh noche eterna, en tus brazos
y llámame hijo.
Yo soy un rey
que voluntariamente abandoné
mi trono de ensueños y cansancios.
(...)
Desvestí la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche antigua y serena
como el paisaje al morir el día".
ABDICACIÓN, Fernando Pessoa



Querido hijo:
Zambúllete en los pliegues del abismo,
heredero del mundo.

Tú, que renaces, cada noche oscura del alma, de savias de árboles con muertes legendarias. Tú, que cada mañana, con un beso en la frente, les cuentas todo lo que nunca le dijiste a tu padre mientras ellos, vástagos durmientes, se tapan la boca para no tragar calimas de nieve.

Tú, que te abandonas voluntarioso a la cellisca. Abrígate, hijo, que la guerra nos deja desnudos y la miseria se agolpa en los resquicios de generaciones que no llegarán a pisar el verde de estas tierras. Espada, brazos, manos, cetro, corona y espuelas, hijo. Bien firmes, que no se nos rompa la esperanza; que no se haga daño la bondad en este hielo que aguillotina
perfecta
mente
pupilas que vigilan y deciden de qué mitologías estamos hechos hombres / mujeres / bestias, de qué mitologías nacimos niños y moriremos niños, también, pero más solos y más tristes y con más frío, hijo.

Le diremos bajito a Caronte que escondemos un óbolo en la manga para un último desvío a lo frágil, a la música callada, al arte de las cábalas serenas --donde a veces fuimos felices--
antes de ser
barro
para nacer de nuevo.

d.


jueves, 14 de enero de 2016

Seríamos otros.

"Si yo fuese Dios / y tuviese el secreto, / haría un ser exacto a ti".
Me basta así, Ángel González



Ojalá viviéramos donde existen los hoy sin luego, lo limitado de lo previsible en lo efímero de fronteras que dubitan predicados. Los ahora se posan en el magma incandescente del centro de la tierra de lo eterno. Dicen las lenguas viejas que no sabemos cuánto duele el dolor hasta que duele, hasta que el infinito se hace trinchera de los miedos más vacíos.

Y miro y tiento / y abrazo sin tocar y busco / y quiero sin saber y habito / y aprendo sin querer y pienso / que confluyo en lo correcto de las declinaciones de tu vida, de los ríos que nacen de los deltas de la mía, de las voces afluente que nutren los lazos sin nudo que nos unen los mapas de esta existencia tan viva, tan cuerda.

Ahora --que atiendo-- entiendo cuando callas las heridas, cómo es esfumarse sin moverse, por qué evitas mirarte en los que fuimos cuando vuelves la mirada a los que somos y cruzas los brazos donde no cabe esta pequeñez tambaleante de tanto amor
mal dado y nunca dicho;
en los que tal vez, seguro, seremos.

Si fueras Dios y tuvieses el secreto, amasarías mundos límpidos / en los que no cupieran islas menguantes / en las que asentar faros firmes / en los que la luz fuera génesis / en el que farallones de sal y pómez lloraran la paz
que no tenemos.

Pero ni tú ni yo ni nosotros seríamos. Seríamos otros. Así que 
no traces perfecciones que no existen. 

Ven a reconocerte en mis ojos. 
Vamos a limpiarnos las arrugas.

d.