sábado, 25 de abril de 2009

Bueno, lo que les estaba diciendo.

"... quE cuesta mucho ser Auténtica, señOra, y en estas cosAs no hay qUe ser rácanA, porque Una es más Auténtica cuAnto más sE parecE a lo qUe hA soñadO de sí mismA",

La Agrado.

Todo Sobre Mi Madre.

jueves, 23 de abril de 2009

Alegría.

Me preguntas: ¿qué hora es?
Y yo te respondo: ¡y a mí que me importa!

La otra tarde, en la lectura poética que COLMO tuvo en Arroyo, Gonzalo leyó un poema corto que decía algo así. Y yo, en mi intento constante y absurdo de entenderlo siempre casi todo, analizando hasta limpiar los huesos más internos del asunto y chuparme después los dedos olvidándome de la frontera entre la buena y la mala educación, traté de reflexionar lo siguiente: "¿Por qué lo titulas Alegría? ¿Alegría porque te pregunta qué hora es y, aunque se trate de una pregunta simplona, te alegras infinito de te haya dedicado esa pregunta dado todo lo que sientes hacia esa voz y entonces te da exactamente igual la hora que sea? o ¿Alegría porque precisamente lo contrario: es tal la indiferencia hacia esa voz que el hecho de que te pregunte algo cuya respuesta correcta no sería más que un código de cortesía bien entendido te provoca ganas de vomitar y decides contestar con desaire?".
Contenta con mis posibilidades de interpretación, esperé una respuesta por parte de Gonzalo que en realidad era el único que conocía con exactitud la verdadera intención de su texto. Entonces, con su sonrisa y su gesto, descubrí que estaba completamente equivocada y que, desgraciada mente, no me había enterado de nada. Contestó, muy serio, esto: "En realidad lo que he querido decir es que, a su lado, el tiempo no importa".
Y ya está.
d.

martes, 21 de abril de 2009

Que nunca te escribo poemas de amor, me dices.

Que nunca te escribo poemas de amor, me dices. Que no te dedico palabras, que no me salen versos, que no pienso en ti desde tinta y papel. Que cómo es posible, me preguntas. Que por qué. Como si fuera un regalo que te niego. Pero de lo que no te das cuenta es de que el regalo más grande te lo hago cada vez que cierro la boca y los ojos, y me niego las neuronas y las manos para no rimar letras azules
en celulosa áspera que terminará limpiando el culo de un vaso de café ajeno de una mesa usada por alguien que llega justo detrás de mí - que no dejará propina - que juega a zizaguear una servilleta nueva desencriptando un mensaje facilón que hará que la camarera se plantee los límites de la estupidez supina
hasta que una mujer vuelva a la mesa y pida otro café mientras sonríe mirando la servilleta arrugada rimando letras de un color desconocido con sus propias manos y, sin negarse las neuronas, abra la boca y los ojos y escriba un poema de amor que se quedará en una servilleta nueva que terminará también limpiando el culo de un vaso de café ajeno de una mesa usada por alguien que llegará justo detrás de ella - que tampoco dejará propina - que jugará a lo mismo y desencadenará el idéntico planteamiento sobre los límites de las mismas cosas.
Es por eso
que nunca te escribo poemas de amor.
d.