lunes, 11 de agosto de 2008

Vértigo.

[casi todas las palabras derivan de anotaciones
escogidas y re/deconstruidas al gusto].

Siempre quise estudiar medicina. Para curar heridas. Hasta que supe que, en parte, el Arte es una forma más de amar. Entonces quise ser acróbata. Llegó la ruptura, la negación, la ira y el regateo. Por alusiones – por ilusiones – dejé de procurar para vivir la esencia, para vivirme/te lo esencial. Con el dilema de una fuga entendí que todo lo que vivo lo estoy leyendo, que Dios es un poeta pequeño y que, definitivamente, quiero tener los mismos límites que tienen las cosas porque, al final o entremedias, uno sólo rinde cuentas a sí mismo. La Poesía es la pregunta más grande del mundo; es mirar, aunque yo siempre he sido una miope. No toques los relojes que van a dar al mar, me decías cuando la ternura no era propicia y la palabra inútil. Porque nunca se me va del todo tu silueta, porque me ha herido de vida desde toda su distancia. Me acompaña siempre la niña que fui tatuada de poemas. Es mi carne también este silencio. Hasta que vuelvas, mis párpados serán mis últimas palabras. Hasta entonces, mi Vértigo, la última confesión que no quiero me sea, jamás, perdonada.

d.

jueves, 7 de agosto de 2008

Hoy lo de hoy.

Las vacaciones de verano siempre dan un poco de vértigo: resultan etapa de locura positiva, de crecimiento personal aunque sigo igual de bajita, de cambio de piel por usar poca protección, de aventura y aventuras, de amor que se termina simultáneo al aftersun. Me traigo nombres en las ruedas desgastadas de la maleta. Y el tuyo también. Lugares en la retina, en la neurona, en la boca, en los ojos, en las orejas, en el pelo, en las yemas de los dedos. En las palmas de las manos. Las chocolatinas que guardé como pista del último viaje se derriten; y es entonces cuando toca despertar. Y poner los pies en el suelo. Sin echar más de menos. Simplificar... pero hasta dónde, no depende de mí. Ojalá no existiera la palabra Tarde. Y no esperar. Sin desesperar. Seguir. Y callar. No entrar. Ni salirme nada de nada. Cerrando ventanas. Abriendo puertas, abriendo heridas: Gloria Estefan se confundía. Hoy lo de hoy. Y lo que venga, vino. Con azúcar. Mi primera fase dice fin: vuelta al trabajo por unas semanas, que hay asuntos pendientes que aprobar y que probar. Luego está Septiembre después de los exámenes: fiestas, últimos rayitos de sol y encuentros poéticos (pero de poesía, nada de romanticismo, que luego se queda un mal cuerpo...).
d.

lunes, 4 de agosto de 2008

Felicidad, felicidades.

Botas escocesas. Un teléfono muy fácil de recordar. Un balón de baloncesto de colores. Me encantan las mañanas, aún guardo esa postal de cuando te fuiste a Madrid. Tu jerol porque siempre llegaba tarde a buscarte para ir al colegio. Los primeros cigarrillos a escondidas. Noches sin dormir estudiando filosofía en tu casa. Primeras fiestas, contigo. Una chupa de cuero blanca. Un viaje a Italia terrible que jamás nunca repetiría. Primer móvil. Las tristezas más grandes, contigo. Amigas en común que dejaron de ser. Los primeros chicos, contigo. Los domingos en el Tatay. Y los viernes. Gusanitos para volver a casa. Y los cotilleos que nos daban dolor de barriga. Las excursiones del día de la familia. Los ratos infinitos en tu casa (y en la mía). Las primeras pilladas. Las primeras mentirijillas. Los primeros hoyos. Los primeros sueños gordos. Las primeras copas, contigo. Los primeros valores inamovibles, contigo. Porque hemos crecido juntas. Y lo que nos queda, que yo quiero ser la tía enrollada de tus hijos, por lo menos. Feliz cumpleaños, Doctora Bombín. Cómo hemos cambiado. Pero te quiero como siempre. 23 soles para que sigas regalando luz y calor,

la tata peque.

sábado, 2 de agosto de 2008

Tacones (lejanos).

Decía, hace poco, Cristina Grande que

"Las chicas bajitas ya no llevamos tacones. Ni siquiera los llevamos en el bolso, como Melanie Griffrith en “Armas de mujer”. Hillary Clinton no se pone de puntillas ni tiene que hablar sobre afilados “stilettos”. (...) La historia de la Bella y la Bestia se estropea cuando la Bestia se convierte en un guapito de cara ante el desconcierto del público infantil. Cada uno es como es. (...) Carla Bruni no debería prescindir de los tacones, de esos tacones para chicas altas que engrandecen a quienes las acompañan, de esos tacones que, por contra, empequeñecen a la Princesa de Asturias. Las chicas bajitas ya sólo nos ponemos tacones por presumir, de vez en cuando, con gran osadía y optimismo, y acabamos la noche descalzas sobre el asfalto. (...) Sin tacones también el mundo es fascinante y ancho. No es cuestión de medidas".

Esta noche quizá vuelva descalza a casa.
d.