lunes, 21 de julio de 2008

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.


Reticente a los madriles, esta vez me tengo que morder la lengua. Una casa de chicos. Un zulo a treinta grados con la fresca. Chorizo con nocilla. Y helados de straciatella. Una grúa de broma que luego casi no lo es. Un japonés con palillos. Unas cerves, y otras, y luego otras, y más... Un mapa. Metro, metro, metro. Un paseo por Gran Vía al que le faltó la letra Eme. Un abrazo de los de siempre, como cuando tirábamos las bicis al suelo en cada reencuentro de cada verano. Una tetería mágica. Cómo ponerse al día en una hora. Y un ático precioso de biblioteca a distancia. Vino tinto de la tierra, para no echar de menos nada. Un regalo que se llama como yo. Y una Laco a la que no vi. Tostas del sur y música en directo. Pulverizadores en las sombrillas. Y un jardín cerrando por vacaciones. Partidas de Wii donde siempre siempre pierdo. Los problemas en casa. Una maleta sin deshacer del todo, que me vuelvo a embarcar en breve. Cuatro como de la familia y dos aparte que siempre me hacen tener agujetas en la barriga al día siguiente. Un beso en el metro. Y un portal con dos puertas complicadas que separó algún achuchón de última hora. Un domingo en casa sin hora. La siguiente en Lisboa, por lo menos.
d.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

http://madreidiota.blogspot.com
invitada estas¡¡¡
bsss

Duenda. dijo...

pues allá que voy! (a ver).
saludos!
d.