domingo, 11 de septiembre de 2011

Oír, ver y callar. Hasta que hables.



El verano necesario y maravilloso de lugares / mundos (de tipo 1, de tipo 2, de tipo 3) / personas / (animales y) / cosas, llega casi completamente a su fin. Una aterriza dispuesta a lo que viene. En tiempo relativo y aspecto imperfectivo, imperfectamente hablando. Esto es el principio de otra fiesta que nada tiene que ver con la anterior. Cambios. Cambios. Cambios. Cambiamos. Nos hemos ido hace semanas o hace días, o nos marcharemos luego; pero ninguno es lo que era. Quedarse más, también duele. Quién lo iba a decir. Un día habría firmado por quedarme ahí de forma indefinida. Ahora, prefiero verme abocada a improvisar para salir de la asfixia de los mismos escasos kilómetros cuadrados de los últimos veinticinco años. Como un personaje en busca de autor. Como quien busca su sitio y ha olvidado, momentáneamente, su nombre. Como salir a bailar de nuevo (en)callando lo necio y lo soberbio. Como leer sobre una cama nueva. Como pelear. Como pelear sin límites. Aunque digan. ¡Que digan! Tú, calla. Escucha. Mira. En silencio. No olvides de dónde vienes, que nunca es tan tarde para decir algo importante.

d.

2 comentarios:

tormenta dijo...

claro...

di t-o-d-o, cuando llegue el momento.

duenda. dijo...

niña menta: cuanto quiera, cuando quiera. y-e-a-h.

un beso.
d.