sábado, 8 de octubre de 2011

Y la poesía se hizo silencio y habitó entre nosotros.

"Ver no es abrir los ojos"
Hugo Mújica.

Anoche, en la Universidad de la Mística de Ávila, unos pocos privilegiados tuvimos la suerte de escuchar a Hugo Mújica, un grande de la creación, aprovechando su paso por Castilla (el miércoles la Universidad de Salamanca lo nombró Honoris Causa). Creo que nadie me ha conseguido emocionar tanto como lo hizo él a través de su presencia, su experiencia, sus palabras, su voz, su silencio y su misterio. A los pocos minutos comprendí que una cosa así no la viviría yo muchas veces.

Compartió con todos reflexiones tan interesantes y hondas como que "transmitir lo creativo y no lo ya creado es lo interesante del acto creador", pues quedó clara, tras su lectura, la sugerencia transmitida - y acogida por todos desde la intimidad más respetuosa - de su / la experiencia humana; confesó sabio que en las ciudades se habla por neurosis y que, quienes las habitamos, concebimos el silencio como una carencia cuando es un espacio que permite la contemplación (él que sabe de esto, tras siete años retirado a un monasterio trapense de clausura); osó a dar una lección de humildad a los más impertinentes cuando dijo con endulzado acento bonaerense que "es más desde donde se habla que lo que se dice".

Cuando le compararon con José Ángel Valente en cuanto al sentido ontológico de su obra - a mí se me antoja parecido a su contemporáneo José María Muñoz Quirós y enlace del hermanamiento -, él se volvió pequeño y aseguró que su tercera fuente de influencias en su faceta creadora la constituía la literatura, mientras que en primer y segundo lugar se encontraban la música - aludió a La Pasión según San Mateo de Bach como única prueba fehaciente de la existencia de Dios - y el cine. Aseguró que su pintor favorito es Mark Rothko y confesó haber estado veinte minutos llorando cuando contempló su capilla en Houston.

Es un hombre que ha viajado y que hace viajar con los ojos, con las manos de palmas extendidas - por la paz y la ausencia de miedo, por la timidez pausada -, con las palabras, con cada pausa al leer, con los rasgos argentinos de su habla, con sus años. Dejó claro algo muy obvio pero tan desacreditado como que a la poesía no hay que situarla en el entendimiento racional, porque "la lógica es la guerra" y "la emoción es otra forma de comprender". Qué pocos dan importancia a la inteligencia emocional, oiga. Luego, compartimos cena austera (entre paredes que oraban palabras de Santa Teresa, tan familiares para mí desde los cinco años) y un postre muy dulce. Sólo me atreví a pedirle un beso, darle las gracias por la emocionalidad y la sabiduría (aunque puede que en su caso sean la misma cosa) y decirle dos bobadas de principianta que ya me podría haber ahorrado (discúlpeseme la ingenuidad). En las copas, ya sin él y en otra parte, coincidíamos en lo intenso del encuentro, en lo honesto, en lo místico sensorial, en lo apacible, en lo profundo, en lo completo. Lo segundo que he hecho hoy - y no como es la vida: por accidente, que diría Mújica - al bajar del tren, es devorar su último libro publicado por Visor, titulado Y siempre después el viento. A todos los que quiero y valoro: tenéis que leer a este hombre. En él hay poemas como:

ABRIR LAS MANOS
Conocernos es una entrega,
no un saberse,

es soltarnos
y descubrir que no nos hundimos,
que estuvimos siempre
sostenidos.

OSADÍA
Ver no es abrir los ojos,
es arrojar a un lado el bastón blanco:

osar andar
sobre el saberse perdido.

d.

2 comentarios:

Kaytall dijo...

Una entrada muy sugerente, me gusta. Tomo nota del autor y buscaré algún libro suyo.

Besos
César

duenda. dijo...

césar! te va a gustar mucho, ya verás.

abrazos gordos.
d.