viernes, 3 de junio de 2016

Cristales.




Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
(…)
Melancolía, Rubén Darío

El rayo que se cuela.
Qué familiar todo y qué nuevo.
El nudo en el estómago,
el verbo en la garganta,
el alma transmutada
en puño amasado
con sales y miel de otros días,

las ganas de salir corriendo
y, sin embargo, quedarme para siempre
(y, sin embargo, te quiero)
muy quieta;
como para que no encuentren mi escondite
se(s)gado a golpe de dalle estrepitoso y delicado,
como para que no me de-la-ten
y me lleven tierra adentro
donde nada sea como es ahora.

He gestado en mis entrañas
una criatura nueva
que respira, que goza, que se revuelve indomable
llena de pánicos pequeños (pero sin miedo)
procesionando el testigo de una bandera inventada,
erguida sobre conquistas de muchos minutos robados
a otras vidas 
acostumbradas 
a ver pasar
cómo se comparte el hambre en tiempos de guerra.

El cristal no traduce hoy un arcoiris.
El cristal es muralla invisible pero infranqueable
entre
la melancolía
y
las estrategias que tiene el mundo preparadas.

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