miércoles, 22 de junio de 2005

(Sin título)

Medio segundo. Medio segundo que marca la diferencia. La diferencia entre la felicidad, cumplir un sueño o... quedarte a las puertas. La diferencia entre recibir noticias o aprender a entender los silencios. Noticias... ¿De quién? Los silencios, aunque traigan mil noticias, se hacen tan amargos como los últimos besos. No es amargura, es más bien melancolía. ¿No te das cuenta? Melancolía: extrañar lo bello. Y como yo digo siempre, lo que es bello es porque es triste. Todo un circulo vicioso. Y otra vez esa palabra: saudade. Noticias del viento. Noticias de lejos. Noticias en suspiros, en palabras que no se dicen. Noticias en lo bello de la melancolía. Saudade. ¿Y si no quiero noticias¿ ¿Y si prefiero vivir ausente vivir de sueños, de ilusiones desamparadas?...y cómo no, el viento vuelve. No trae noticias, no. Se lleva ilusiones y me trae recuerdos que creía olvidados. Me deja sola otra vez. Con mis recuerdos. "La vida es sueño", decía Calderón. Puedes convertir los sueños en noticias, haciéndoles realidad. El viento nunca está vacío de susurros. Jamás, pequeña, porque el viento se mueve por las almas y las almas nunca están vacías. ¿Recuerdos olvidados? Qué paradoja. Nunca estarás sola si estás viva, porque con tu vida y tu alma, el viento seguirá lleno de suspiros. Lleno de recuerdos. Y seguirán humedeciendo la herida para que en ningún momento termine de cicatrizar. Podríamos en todo caso- podría yo, en todo caso-, tapar mis oídos para dejar de escuchar aquellas mentiras tornasoladas que eran un bálsamo diario. Podría dejar de acariciar las sábanas imaginando que tu mano está jugando a los silencios a escondidas, bajo la tela blanca para que nadie más lo sepa. Como un secreto. Podría. Pero no. No puedo. Y no puedo porque no quiero. Noticias. Heridas. Mentiras. Cicatrices. Viento. Recuerdos. Olvido. Silencios. Soledades. ¿Estás viva? Yo diría que sí. Acaricia la tela blanca y sigue jugando. Pero no vale cerrar los ojos, hay que mirar y atreverse a sentir. Atrévete para que cuando volvamos a encontrarnos, no se nos haya olvidado jugar a los silencios, escondiéndonos del mundo, dejando nuestras almas al viento, en una mano.
Pía y una duendecilla.

2 comentarios:

El chico del Argón dijo...

En 4.596.315.885 veces el periodo de la radiación correspondiente al salto entre los dos niveles de la estructura hiperfina del estado fundamental de los átomos del nucleido Cesio 133, me dió tiempo a que se despistara, bajase la guardia, se lo pensara y dejase de pensárselo, acercar mi boca a la suya, y que se olvidase de la radiación, del nucleido, del cesio y de la madre que los trajo a todos, que se diese permiso y me dejase.

Luego, el el periodo de la radiación correspondiente al salto entre los dos niveles de la estructura hiperfina del estado fundamental de los átomos del nucleido Cesio 133 se repitió 31104000 veces más, y ella se me escapó de nuevo, y tendré que ir a buscarla.

Que nadie de ría de los medios segundos.

A veces duran para siempre.

*)lúa dijo...

Da miedo sentir vida por dentro. Es aterrador, tras la calma, sentir que llega una tormenta que hará florecer campos que quizá puedan ser mantenidos coloridos y bellos...o que quizá se vuelvan a marchitar.
A veces nos acostumbramos a acurrucarnos como niños, a tapar nuestros ojos con las manos bien apretadas a ellos y a ignorar, conscientemente, que hay un mundo de riqueza fuera de nosotros; riqueza que también implica sufrimiento.
La incertidumbre es un un mounstro que convive con los sueños, debajo de la cama. Cuando estamos despiertos/as somos muy conscientes de que hemos de enfrentarnos a ese horrible ser, pudiendo ser más fuertes que él...o no; pero muchas veces preferimos dormir y pasar al estado de ensoñación que nos hace olvidar que el mounstro es verdadero; y es que a veces es mucho más fácil despegar y mantenerse en el vuelo, por pura inercia...que atreverse a aterrizar; las heridas pueden ser muy dolorosas porque no estamos acostumbrados/as a poner los pies en tierra y enfrentarnos con la realidad.
Duele, duele, duele el movimiento interno cuando quiere salir y enfrentarse con el miedo.
Pero duele el miedo cuando se convierte en soledad; soledad de esa que no es no tener a nadie; soledad de esa que es necesidad de encontrarte a tí misma. Y es imposible que el movimiento al fin salga y se enfrente al miedo...cuando el miedo no eres más que tú misma.
En fin, miedo a querer, miedo a necesitar, miedo a desear y miedo a tener miedo... se convierten en los ingredientes perfectos para mantenernos drogados/as en la vida.
Pero a veces ocurren cosas extrañas; a veces ocurre que encuentras algo, o alguien ,que te explica, te dice, te expresa (quizá sin palabras, con esos silencios de los que tú siempre hablas) qué es lo que ocurre y reconoces en esa persona o cosa qué es lo que te pasa; probablemente las personas nos vayamos descubriendo en la vida mediante efectos espejo...sin embargo, en ese mismo instante...surge como un demonio otro miedo; miedo a saber qué es lo que necesitabas.