lunes, 9 de julio de 2007

Al-malha Ire.

Un gusano viaja simbiótico entre las tripas, recordando que la intensidad degusta manzanas aparentemente exquisitas. Uñas vivas se hunden firmes en una pared de vidrio recién soplado, incandescente, quemador de retinas saladas que lo recuerdan todo desde un silencio con aroma a tierra sagrada. Letras de luz encogen la piel y conducen hasta la más grave de las sonrisas convexas en un camino muy corto sin señales de precaución: para eso se inventó el cinturón. De las lenguas escapa únicamente una mudez tierna con efectos secundarios todavía sin comprobar. Ha perdido la cuenta, nunca se le dieron bien las matemáticas. Mis brazos no pueden mover las piedras desordenadas.
d.

2 comentarios:

Evatómica dijo...

Mis brazos no pueden mover las piedras desordenadas.
me encanta.
beso reponedor

Duenda. dijo...

Madrugo: no disponible. Re-ordeno: habita y maleta. Desayuno con Samu: café y abrazo. Viajo a Sandoval. Allí, el librero, me recuerda que lo que no encuentro hoy, se puede encargar. ¿Cómo le explico que no busco libros, sino pistas? Pido un título. Dos. Incluso tres. Dejo mi nombre. Vuelva usted mañana. Pierdo un pendiente: siempre rojo. Quedo con mi madre: nos contamos cosas. Busco un sitio: pequeño. Aralia, ponte buena: ganísimas! Eva: reponedor, sin duda. Vuelvo el viernes.

À bientôt.
Grosses bises.
Lutine bleue.