jueves, 7 de agosto de 2008

Hoy lo de hoy.

Las vacaciones de verano siempre dan un poco de vértigo: resultan etapa de locura positiva, de crecimiento personal aunque sigo igual de bajita, de cambio de piel por usar poca protección, de aventura y aventuras, de amor que se termina simultáneo al aftersun. Me traigo nombres en las ruedas desgastadas de la maleta. Y el tuyo también. Lugares en la retina, en la neurona, en la boca, en los ojos, en las orejas, en el pelo, en las yemas de los dedos. En las palmas de las manos. Las chocolatinas que guardé como pista del último viaje se derriten; y es entonces cuando toca despertar. Y poner los pies en el suelo. Sin echar más de menos. Simplificar... pero hasta dónde, no depende de mí. Ojalá no existiera la palabra Tarde. Y no esperar. Sin desesperar. Seguir. Y callar. No entrar. Ni salirme nada de nada. Cerrando ventanas. Abriendo puertas, abriendo heridas: Gloria Estefan se confundía. Hoy lo de hoy. Y lo que venga, vino. Con azúcar. Mi primera fase dice fin: vuelta al trabajo por unas semanas, que hay asuntos pendientes que aprobar y que probar. Luego está Septiembre después de los exámenes: fiestas, últimos rayitos de sol y encuentros poéticos (pero de poesía, nada de romanticismo, que luego se queda un mal cuerpo...).
d.

2 comentarios:

Javi dijo...

Y sienta tan bien, sacudirse las cadenas antes de que te asfixien, desplegar las alas, mirar a quien pretende atarte a un mar de lágrimas y decir a pleno pulmón

ja ja

Duenda. dijo...

javi: no sabes nada, tú...

;-)
d.