miércoles, 6 de abril de 2005

Echar de menos

Echo de menos. Mucho. Te echo de menos. Mucho mucho. Os echo de menos. Mucho mucho mucho. Es duro echar de menos, el precio es caro: bajones, tristezas, días negros, soledad, momentos de mandarlo todo a la mierda, lloros, nervios y desazón. Vaya. Y eso que estamos en el siglo de las comunicaciones, pero no todo sirve. Un mail, está bien; una carta, es especial, está aún mejor; una llamada de teléfono escuchando esa voz, da vida... jo, pero es que no hay nada como un abrazo, un beso, un mimo, o una carcajada en directo. Echar de menos, supone que todo lo que haya entremedias de un reencuentro sean palabras. Esas palabras que se agolpan, que no salen, que duelen, que animan, que enfurecen, que regalan risa, que regalan lágrimas, que que nacen, que mueren, que resucitan, que pintan, que pintan azules, que lucen, que gritan, que susurran, que abrazan, que besan, que quieren, que adoran... esas palabras que ECHAN DE MENOS. Es duro, sí, no lo estoy pasando bien. Esto no es bonito. Encontrar alguien siempre es guay, pero echarle de menos, no tanto. Debería ser negociable echar de menos. Es lo peor. Claro que está la otra cara de la moneda: el reencuentro. Ese que a veces no se sabe cuando va a ser, y cuando no hay fecha, los días pesan más. Los días y los segundos. Sobretodo cuando hay algo importante que compartir, aunque sean cosas del alma. Cuando hay un trozo de pizza rebenida en la mesa de la cocina, o un sirope de chocolate con el que untarse toda la cara a primera hora de la mañana y empezar el día siendo la payasa reconocida, o no sé qué ponerme, o un Habana Blues que ver sin que nadie quiera ir conmigo, o un cuento de fijiis, una canción a medias, o unas copichuelas pendientes, o un colacao con palomitas de maíz, o cuando pinto desvaríos escuchando a Sabina... en todos esos momentos, os echo de menos. Me pesan los días y las semanas. Hace mucho que no nos vemos. Y ya va siendo hora. Pero bueno, ya sabemos: resignación. Qué palabra tan horrible. Siempre quedan las palabras. Que aunque limitan, definen y eso está muy bien. Puedo usarlas para decirlas que quiero. Mucho. Que te quiero. Mucho mucho. Que os quiero. Mucho mucho mucho. Mañana seguro también. Besillo de duendecillo. P.D. y tú... ¡ponte buena!

2 comentarios:

Max Sin Nombre dijo...

Dice uno que canta: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió". Es complicado no jugar a las realidades alternativas y el maligno pasatiempo de "qué pasaría sí". Y combinado con echar de menos, es una mala medicina.

No esperes a que alguien se marche para decirle que le quieres. A mí me pasó hace poco y ahora no puede hacerse nada.

Un beso, mirando las estrellas.

aralia* dijo...

Es increíble, me acabo de quedar pasamada al leer todo lo que pone el mago CON magia, por que es exactamente lo mismo que te he dicho yo, preciosa, millones de veces, exactamente lo mismo. Y sí, es cierto que a veces es horrible echar de menos, xo piensa en que sería muchísimo peor no tener bellos recuerdos que mereciesen tu nostalgia. Nostalgía como la que siento yo al recordar como el primer día q te dije lo q pone ahí arriba marquitos, sacaste el móvil(que raro...xD)para apuntar una de esas frases q marcan; y recuerdo ese día como si fuese ayer, en el Tatay, por que ese día sentí que algo empezaba, fue la primera vez q confiaste, q te abriste a mí y no se me olvidará en la vida. Pero es nostalgía de la buena, de la bonita, xq la otra la desterré hace tiempo, y por eso intentó no dejar de hacer o de decir lo q quiero en cada momento, intentandó que cada día, cada segundo, no me deje trás su paso la sensacíon de momento perdido, instante desaprovechado, o, simplemente, de no haber sacado el máximo partido a cada instánte. Y es muy díficil, comodidad, miedo...en fin, eso que hemos hablado tantas veces...que te voy a contar ya...

un Beso xa mi más vieja amiga;

tu aralita*