jueves, 11 de enero de 2007

Me asomo: Olguita!

Paréntesis entre losquehaceres enerosos. Olga Román aterriza en Pucela. Y, de casualidad, veo un cartelito en Platerías que emociona; y el estómago despierta el recuerdo de un subidón gratificantísimo, cuando Sabina nos vino a ver y nos dejamos la paga de la semana, el frío que aprieta en estos meses, las horas de cola contenta y las ilusiones medianas para ver en directo al Rey de los canallas de la poesía, del saber hacer - mal - los afanes de la vida y los desgastes de los motivos que no-s sobran.
Con acierto y un poco de prisa, entramos en el Teatro Cervantes. Lleno pero como en casa, aunque seamos un poco sosos y un poco - de más - prudentes. Traje Naranja, rizos desiguales, voz limpia que cantaba versos, manos contadoras de cuentos con los que apetece asomarse al mundo de los Adentros. Dos butacas ocupadas, mucha palma de punto y seguido y algún rato tapándonos un poco para echar la lagrimilla por ese mar - supongo que azul - que afinaba dulce Olguita.
Pintó el aire, la colega. Dibujó estelas de silencios ordenados. Mecía las Nadas con Todos bien agarrados despacito en percusión. Y vaya cuatro acompañando y marcando el camino de las historias. Especial música de fondo. Olor a madera vieja y un señor a mi izquierda que no paraba de encontrarse a gusto en su sillón: pobre hombre, debía ser por la emoción. Alguna canción de regalo, que nos portamos muy requetebién. Pero me quedo con ésta:
He dejado de hablar con las paredes,
de repetir tu nombre.
He dejado de perderme en los bares,
de buscarte en la noche,
de rendirme al amanecer.
He dejado de pensar si algún día,
tal vez, si tu quisieras,
tal vez volveriamos a ser lo que fuimos,
lo que un dia quisimos, lo que nunca tuvimos...
Y ahora ya ves:
ya sé cómo seguir adelante,
ya sé cómo seguir aunque tú no estés,
no ha sido fácil, pero ya sé.
Ahora ves,
aunque cada mañana me cueste,
aunque a veces me equivoque
y te nombre, fue sin querer.
Aprenderé.
He dejado de burlarme del tiempo,
de reirme del amor.
He dejado a un lado mis hazañas,
ahora cuido las palabras,
lo que hago y lo siento.
He dejado de esperar eternamente:
tal vez lo que ha pasado,
sea para mejor.
He dejado de llorar por las esquinas
y ahora espero
que la vida me traiga otro tiempo de amor.
Y ahora ya ves.

Pues eso, ahora ya ves. Y de guinda, ganas sencillas de contarse cosas entre sonrisas gratas, sin más. Compartir humo, y una cerve entre prisas por aquello del no llegar - demasiado - tarde. Una bonita primera cita, jajaja. Ha sido un placer Celia, claro. Así da gusto. A ver si a la próxima, se nos unen más a dar la nota, ¿no?

Genial, gracias. Duenda.

p.d. Subidónnnn! (y ojalá dure).

p.d. No hubo "y sin embargo te quiero", pero me da igual ;-)

1 comentario:

Duenda dijo...

¿Olga Román? Pregúntale a cualquiera
que no venere el cielo de su boca
de su desván, pomelo con caderas
del dulce desconsuelo que provoca.

Cuando en plazas de toros imposibles
pega su voz a mi como una lapa
sus coros rompen techos y fusibles
y el don de su despecho se destapa.

Su bola de cristal llena de dientes
es un peligro para las morenas
tontas de la ton tómbola amarilla.

¿Olga Román? No ejerzo de vidente
pero poned su charme en las antenas
y yo estaré apludiendo de rodillas.

De Joaquín Sabina, eh.